miércoles 30 de noviembre de 2011

El Salvador reconoce a Congresista Norteamericano y a Salvadoreño Distinguido


Foto cortesía de la Embajada: Embajador Francisco Altschul (al centro), junto al Congresista James McGovern (izq.) y el Señor Luis Reyes,

Por: Grego Pineda

La Embajada de El Salvador ante los Estados Unidos de América entregó dos Diplomas de reconocimiento creados por el Gobierno de El Salvador, a través de la Cancillería para conmemorar el Bicentenario del primer grito de independencia Patria y es así como en ceremonia oficial en la noche del  21 del presente mes, el Congresista James McGovern recibió el galardón como Amigo de El Salvador y el señor Luis Reyes como Salvadoreño Distinguido.
El Embajador de El Salvador Francisco Alstchul destacó que el Congresista McGovern ha  jugado un rol importante en tratar de que se conozca y se haga justicia en el caso del asesinato de los sacerdotes jesuitas y de líderes sindicales acaecidos en la nación centroamericana. En su discurso de aceptación el homenajeado dijo: “Quiero decirles que El Salvador siempre ha ocupado un lugar muy especial en mi corazón, conocí El Salvador en un momento de lucha difícil, y su gente me ha enseñado sobre coraje y perseverancia para luchar por un nuevo día, por defender los derechos humanos. Los padres de la Universidad Centroamericana me enseñaron que siempre hay una obligación con los más pobres, por luchar por los derechos humanos, El Salvador es un maravilloso regalo para Estados Unidos y creo que mi país tiene una magnífica relación con su país”. 

Un salvadoreño ejemplar     

El señor Embajador de El Salvador también reconoció con el título de Salvadoreño Distinguido al señor Luis Reyes, nacido en el Cantón El Tamarindo, del municipio de San Alejo, del Departamento de La Unión, e hijo de Juan María Reyes y de María Santos Girón; y en su discurso compartió a la numerosa concurrencia: “Don Luis es un excelente ejemplo de lo que los salvadoreños podemos hacer cuando tenemos la oportunidad de desarrollarnos. A base de trabajo este empresario destacado es dueño de uno de los restaurantes más famosos de Washington”, pero también el diplomático destacó la solidaridad que el homenajeado ha patentizado con el pueblo salvadoreño en general y con la diáspora  salvadoreña en particular, través de apoyar y promover varias causas que benefician o contribuyen a paliar las necesidades que aquejan a los hermanos compatriotas.

Luis Reyes quedó huérfano de padre a los diez días de nacido y a temprana edad junto a su madre y hermanos enfrentó las vicisitudes de haber nacido en un país abandonado a su suerte y esquilmado por una desigualdad social que años después derivaría en una conflagración que marcaría, por siempre, el destino del país. “Uno de mis recuerdos más importantes de mi niñez fue cuando a los siete años de edad, me compré mi primer par de zapatos. Empecé a trabajar para subsistir cuando solamente tenía 6 años y luego fui a Nicaragua buscando un mejor porvenir.” nos relata con visos de nostalgia y remembranza.

La vida tiene curiosas maneras de proteger a sus buenos hijos y desde esa perspectiva nos confiesa Luis Reyes: “Salí de El Salvador en el año de 1977 cuando tenía 15 años de edad pues no tenía futuro en mi país y quería un bienestar para mi familia, que siendo yo el responsable de ellos me sentí con la necesidad de buscar un mejor porvenir. Al llegar a Estados Unidos me sentí muy contento y mi actitud era positiva y tenía un gran deseo de hacer bien las cosas y sobre todo con mucho ánimo de salir adelante y agradecido con la vida de estar en este país” dice con alegría de quien recuerda sus años mozos.

Una vez establecido laboral, legal y socialmente en este país, Luis forma una familia y los herederos de sus esfuerzos y sueños son un hijo y dos niñas a las que adora y apoya en sus propias metas personales así como su señora esposa. Esta familia acompañó al Salvadoreño Distinguido la noche del evento y todos ellos mostraron amor y solidaridad pero sobre todo mucho orgullo y alegría por su padre. “Me gustaría que ellos me recordaran en un futuro como alguien que luché mucho en mi vida, que salí adelante a pesar de tanta adversidad, en fin, que me recuerden como soy en realidad: honesto, trabajador, solidario y humilde.

Preguntado sobre su relación con la Republica de El Salvador, Luis responde: “Estoy muy pendiente de todo lo que pasa en mi país, pues a pesar de todas las adversidades seguiremos trabajando para un nuevo El Salvador.” Y es coherente con su discurso pronunciado en la ceremonia al haber dicho: “Quiero reconocer la apertura que tiene ahora nuestra Embajada con la comunidad salvadoreña, y quiero decirles que viniendo de mi país, de una pobreza extrema, siento un gran orgullo estar acá. Este reconocimiento significa mucho para mí y para mi familia.” Y fue ovacionado por la franqueza y sencillez con que este hombre se sabe conducir; aún en estos ambientes diplomáticos.

Era menester, después de monitorear muy de cerca la interesante e intensa vida de Luis Reyes, preguntarle: ¿Qué sugerencia, mensaje o consejo le darías a los demás compatriotas que como tú, están luchando por un mejor futuro en USA?, “Pues yo diría que es importante ser perseverante, positivo, honesto y ser trabajador. Siempre hacer las cosas de buena fe y ser humilde.”  Y por todo eso, sin duda, Luis Reyes es un Salvadoreño Distinguido.

jueves 17 de noviembre de 2011

POEMA DE GUERRA

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Por Lucio Cappellaro


Me contaron que ya no se escuchan los helicópteros
allá en Morazán,
que ya no se oyen las cananas en Chalatenango
ni quema el NAPALM las laderas de Guazapa.

Me contaron que ya no suenan en el asfalto las botas
de los batallones de reacción inmediata,
que ya no se oyen los zumbidos de bala
sobre las cabezas inocentes
ni alumbran las bengalas a el Jabalí.

Me contaron que se acabo la guerra
y que se depuraron los ejércitos
que se fundieron las armas para hacer monumentos
y que se reconoce públicamente a ciertos mártires.

Todo eso me contaron,
me dicen que se dieron discursos
y entre risas y lagrimas
se recibió la paz.

Y me hablaron de su felicidad
y de las expectativas
y de los gigantescos planes
y de las utópicas ilusiones
y de los enormes sueños.

Pero nadie se percato
que esta guerra para mi
no ha terminado,
que la mal llamada paz
esta muy lejos de mi cama
y que las balas todavía
me persiguen en mis pesadillas.

Porque aunque el conflicto bélico
se haya terminado,
yo sigo viviendo
las botas en el asfalto,
las bengalas,
los helicópteros,
el NAPALM.

Porque sigo exiliado
porque sigo teniendo el cordón umbilical cercenado,
la guerra
para mi no ha terminado,
porque me siguen pesando los hombros
por la nostalgia con la que amanezco
día tras día.

La guerra sigue para mí,
porque fui arrancado de mi patria
y tuve que enterrar mi inocencia
en la primer frontera que cruce.
La paz no ha llegado a mi
porque sigo luchando por saber donde pertenezco;
si en el lugar que melancólicamente
acongoja mis entrañas
o en el lugar donde llevo ya mas de la mitad de mi vida.

La paz no ha llegado a mí
porque donde vivo me recriminan que llegué
y porque donde viví a menudo me recriminan la partida
y me veo obligado a enjuagar la culpa
de ambas acusaciones
con tristeza y alcohol.

La guerra no ha terminado para mí
porque hay quienes me reclaman por hablar ingles
y hay aquellos que me ven con malos ojos por hablar español,
y se pelean por mi las culturas
y me empujan despectivamente
la una hacia la otra.

La guerra no ha terminado para mí
porque el pánico se mete con frecuencia
en mi tambaleantes ideales
y el terror moja mis sabanas por las noches.

La paz esta distante de mí
porque la depresión
aprisiona mis sentidos
y los escupe altanera
hacia la acera de mis vicios.

La paz esta distante de mí
porque mi identidad ha sido forzada
a vivir en dos pasaportes,
en dos idiomas,
en dos culturas
en dos países.

La guerra sigue para mí,
porque las lagrimas de fuego y de nostalgia
siguen vigentes;
porque el amor a mi patria
sigue cobrando fuerza en mi corazón
aunque mi cuerpo yazca –forzadamente-
bajo el frió y la nieve del norte.

La guerra sigue para mí
porque la indiferencia de no pertenecer
me ha llevado al camino de la frustración
y mi lecho se ha llenado de onanicos ideales.

La paz esta muy lejos de mi
porque el infierno en el que vivo
-gracias a los recuerdos-
cada vez se torna mas tortuoso.

La paz esta muy lejos de mi
porque el azote de las raíces del pasado
-que siempre creí firmes-
comienza tembloroso a hacer mella
en los planes a futuro.

Y acá estoy con la sangre respectiva
en mis manos
y no si se aferrarme
a los recuerdos de San Vicente
o abrazarme a los de StJohn's,
no se si anclarme a la Santa Ana que conocí
o encariñarme con la Halifax que tanto me gusta,
no se si afianzarme a Los Cobanos de la infancia
o sonreírle placenteramente a Niagara Falls,
no se si seguir amando a mi linda Santa Tecla
o querer libertinamente a Toronto.

No crean que es una lucha banal
ya que me llaman traidor, alienado
por escoger unos lugares,
pero si escojo a los otros me llaman igualado.

La guerra no ha terminado
porque sigo siendo
victimado por su recuerdo
y sigo en el exilio
y sigo “arrancado” de mi patria
y sigo siendo perseguido por la muerte
y sigo acosado
por la sangre inútilmente derramada.

La paz no ha llegado a mi
porque me sigue jodiendo la nostalgia
y sigo a merced de las balas en mis oídos
y de las bombas en mi mente
y de las persecuciones en mis piernas.

Esta guerra se rehúsa a morir
y la paz se niega a convertirse en ave Fénix
y yo sigo atrincherado,
pero las balas se me están acabando
al ritmo de “El Sombrero Azul”
y de “All You Need Is Love”.