Por Lucio Cappellaro
Me contaron que ya no se escuchan los helicópteros
allá en Morazán,
que ya no se oyen las cananas en Chalatenango
que ya no se oyen las cananas en Chalatenango
ni quema el NAPALM las laderas de Guazapa.
Me contaron que ya no suenan en el asfalto las botas
de los batallones de reacción inmediata,
de los batallones de reacción inmediata,
que ya no se oyen los zumbidos de bala
sobre las cabezas inocentes
ni alumbran las bengalas a el Jabalí.
Me contaron que se acabo la guerra
y que se depuraron los ejércitos
que se fundieron las armas para hacer monumentos
y que se reconoce públicamente a ciertos mártires.
Todo eso me contaron,
me dicen que se dieron discursos
y entre risas y lagrimas
se recibió la paz.
Y me hablaron de su felicidad
y de las expectativas
y de los gigantescos planes
y de las utópicas ilusiones
y de los enormes sueños.
Pero nadie se percato
que esta guerra para mi
no ha terminado,
que la mal llamada paz
esta muy lejos de mi cama
y que las balas todavía
me persiguen en mis pesadillas.
Porque aunque el conflicto bélico
se haya terminado,
yo sigo viviendo
las botas en el asfalto,
las bengalas,
los helicópteros,
el NAPALM.
Porque sigo exiliado
porque sigo teniendo el cordón umbilical cercenado,
la guerra
para mi no ha terminado,
porque me siguen pesando los hombros
por la nostalgia con la que amanezco
día tras día.
La guerra sigue para mí,
porque fui arrancado de mi patria
y tuve que enterrar mi inocencia
en la primer frontera que cruce.
La paz no ha llegado a mi
porque sigo luchando por saber donde pertenezco;
si en el lugar que melancólicamente
acongoja mis entrañas
o en el lugar donde llevo ya mas de la mitad de mi vida.
La paz no ha llegado a mí
porque donde vivo me recriminan que llegué
y porque donde viví a menudo me recriminan la partida
y me veo obligado a enjuagar la culpa
de ambas acusaciones
con tristeza y alcohol.
La guerra no ha terminado para mí
porque hay quienes me reclaman por hablar ingles
y hay aquellos que me ven con malos ojos por hablar español,
y se pelean por mi las culturas
y me empujan despectivamente
la una hacia la otra.
La guerra no ha terminado para mí
porque el pánico se mete con frecuencia
en mi tambaleantes ideales
y el terror moja mis sabanas por las noches.
La paz esta distante de mí
porque la depresión
aprisiona mis sentidos
y los escupe altanera
hacia la acera de mis vicios.
La paz esta distante de mí
porque mi identidad ha sido forzada
a vivir en dos pasaportes,
en dos idiomas,
en dos culturas
en dos países.
La guerra sigue para mí,
porque las lagrimas de fuego y de nostalgia
siguen vigentes;
porque el amor a mi patria
sigue cobrando fuerza en mi corazón
aunque mi cuerpo yazca –forzadamente-
bajo el frió y la nieve del norte.
La guerra sigue para mí
porque la indiferencia de no pertenecer
me ha llevado al camino de la frustración
y mi lecho se ha llenado de onanicos ideales.
La paz esta muy lejos de mi
porque el infierno en el que vivo
-gracias a los recuerdos-
cada vez se torna mas tortuoso.
La paz esta muy lejos de mi
porque el azote de las raíces del pasado
-que siempre creí firmes-
comienza tembloroso a hacer mella
en los planes a futuro.
Y acá estoy con la sangre respectiva
en mis manos
y no si se aferrarme
a los recuerdos de San Vicente
o abrazarme a los de St. John's,
no se si anclarme a la Santa Ana que conocí
o encariñarme con la Halifax que tanto me gusta,
no se si afianzarme a Los Cobanos de la infancia
o sonreírle placenteramente a Niagara Falls,
no se si seguir amando a mi linda Santa Tecla
o querer libertinamente a Toronto.
No crean que es una lucha banal
ya que me llaman traidor, alienado
por escoger unos lugares,
pero si escojo a los otros me llaman igualado.
La guerra no ha terminado
porque sigo siendo
victimado por su recuerdo
y sigo en el exilio
y sigo “arrancado” de mi patria
y sigo siendo perseguido por la muerte
y sigo acosado
por la sangre inútilmente derramada.
La paz no ha llegado a mi
porque me sigue jodiendo la nostalgia
y sigo a merced de las balas en mis oídos
y de las bombas en mi mente
y de las persecuciones en mis piernas.
Esta guerra se rehúsa a morir
y la paz se niega a convertirse en ave Fénix
y yo sigo atrincherado,
pero las balas se me están acabando
al ritmo de “El Sombrero Azul”
y de “All You Need Is Love”.









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